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El entierro: una historia de la humanidad, desde los primeros ritos hasta los servicios funerarios

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La historia de la humanidad se compone de una serie de etapas: la agricultura, el sedentarismo, la urbanización, el culto y el entierro de los difuntos.

Rendir homenaje a los difuntos, dedicarles una atención especial, es la esencia misma de lo que nos hace humanos. Es esta conciencia del carácter efímero de nuestra presencia en la Tierra y la necesidad de acompañarla con ritos.

Desde los enterramientos prehistóricos en Oriente Medio hasta la Antigüedad egipcia y griega.

En una cueva de Qafzeh, al sur de la ciudad de Nazaret, se encontró una de las primeras pruebas de este deseo de ritualizar la partida de una persona fallecida. Entre los cuerpos hallados, los de un niño y una mujer tienen la particularidad de haber sido aparentemente protegidos y dispuestos para yacer juntos.

A lo largo de la historia, los ritos han evolucionado considerablemente. El más conocido es el del antiguo Egipto. Embalsamar el cuerpo para conservarlo era un privilegio reservado a los gobernantes y sus familiares. El objetivo era mantener el cuerpo en un estado de conservación que permitiera al difunto acceder al más allá.

Para los antiguos griegos, al difunto, antes de ser incinerado, se le colocaba en la boca un óbolo. El propósito de esta moneda era pagar a Caronte, quien permitía al alma cruzar el río Estigia y entrar en el inframundo (cuyo significado era muy diferente al actual).

La «Pompa Funebris» romana en la procesión fúnebre de Ginebra

En Roma, las tumbas se marcaban con la frase «Sic Tibi Terra Levis», que significa «Que la tierra te sea ligera». Sin embargo, las clases altas del Imperio romano recibían un trato especial: la «Pompa Funebris», de la que deriva el término actual «funeraria». Esta ceremonia consistía en la exposición del cadáver durante varios días antes de su cremación, acompañada de música, bailes y dolientes. Una procesión acompañaba al difunto y, a continuación, se pronunciaba un elogio fúnebre antes de proceder a la cremación. Para la plebe, no había pompa ni solemnidad, y la cremación se llevaba a cabo rápidamente tras la muerte.

La organización de la despedida de nuestros seres queridos es, por tanto, similar y diferente al mismo tiempo desde la Antigüedad. Para las personas importantes, el velatorio del cuerpo sigue siendo imprescindible, y el elogio fúnebre se ha convertido en algo imprescindible para todos.

En Ginebra, las funerarias están a su lado para garantizar que se respeten a la perfección los deseos de su ser querido, de conformidad con la normativa y los más altos estándares de calidad.

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